De niño te escuché y te obedecí. De joven te escuché y te obedecí. De adulto te escucho, pero ya no quiero obedecerte. Ya te hice demasiado caso, y hay mil experiencias que no viví por seguir tus consejos. Que era demasiado joven, que a nadie le iba a importar lo que yo dijera, que no era un lider, que no tenía el conocimiento, que había otros mejores que yo. Y por más que me preparaba, estudiaba, aprendía nunca, nunca era suficiente para vos. Nunca era el momento, ahora no, me decías. Esperá un año más, y cuando pasaba ese año tampoco era el momento. Ahora, de viejo, no quiero escucharte más y aunque me vas a seguir hablando, no voy a hacerte caso. Vos decís que lo hacés por mi bien, pero no lo siento así. Por lo tanto, voy a hacer lo que considero bien para mi, de la manera que me parezca a mi. Sin importar que tiempo, ni el esfuerzo que me lleve. Ya lo sabés. Si me hablás no te voy a escuchar, aunque grites muy alto. Mi convencimiento es mayor a cualquier grito desesperado tuy...