Ensayo 1 Siddhartha de H. Hesse

 


Siddhartha de Herman Hesse: un diálogo interno.

Cuando empecé a leer Siddhartha, de Hermann Hesse, tuve durante un tiempo la impresión de estar leyendo una versión literaria de la vida de Buda. El protagonista se llama Siddhartha, es hijo de un brahmán, pertenece a una posición privilegiada, abandona su casa siendo joven para buscar una verdad espiritual, se une a ascetas y emprende su búsqueda acompañado por Govinda. Son demasiadas las semejanzas con la vida tradicional de Siddhartha Gautama como para que el nombre parezca accidental.

Pero en determinado momento ocurre algo extraño: Siddhartha encuentra a Gautama. El personaje que hasta entonces parecía destinado a ser el Buda descubre que el Buda existe como otra persona. Gautama ya alcanzó aquello que Siddhartha está buscando. Govinda decide seguirlo; Siddhartha, en cambio, decide no hacerlo.

A partir de ahí aparece una posibilidad de lectura que es la que me interesa. No sé si debemos hablar de “dos Siddharthas”, porque hasta ese momento, para el lector, hay un solo Siddhartha. Lo que podemos imaginar es que el Buda podría estar dialogando consigo mismo, como una especie de autoanálisis, reflexión o meditación.

No afirmo que esta haya sido la intención consciente de Hesse. Es una lectura posible de la novela.

En el libro, el encuentro entre Buda y Siddhartha es muy breve. Hesse no dedica muchas páginas a ese encuentro. No hay una gran confrontación entre los dos, ni una larga discusión filosófica en la que uno le explique al otro qué significa su existencia. Siddhartha escucha a Gautama, reconoce que ha alcanzado algo verdadero y, sin embargo, decide continuar por su cuenta.

Entonces empieza la parte más extensa de la novela: la vida que Siddhartha lleva después de ese encuentro. Y esa vida es radicalmente diferente de la de Gautama.

Siddhartha entra en el mundo. Conoce a Kamala, conoce el amor y el deseo, aprende sobre el dinero, se convierte en comerciante junto a Kamaswami, acumula riquezas, juega, apuesta, conoce la ambición y la vanidad. Se equivoca. Se deja llevar. Se cansa de esa existencia y finalmente llega a la desesperación, para luego encontrar a su maestro.

El Siddhartha de Hesse pasa por aspectos de la vida que Gautama no vivió. Gautama era un protegido del sufrimiento cotidiano. Su descubrimiento de la enfermedad, la vejez y la muerte fue casi casual, y esa casualidad lo llevó a abandonar aquella existencia de privilegios y emprender su búsqueda espiritual.

Ahí aparece el contraste que me parece central. Gautama abandona la vida común para buscar la iluminación. Siddhartha, después de conocer a Gautama, elige experimentar aquello que Gautama abandonó. Por eso su recorrido es en sentido inverso.

La vida de Siddhartha pasa de una existencia convulsa a una vida sencilla y contemplativa junto al río. Pero esa sencillez llega después de haber vivido extremos de una misma vida. No es la renuncia inicial de alguien que todavía está buscando. Es la tranquilidad de alguien que ya atravesó la experiencia.

Siddhartha, que se negó a seguir a un iluminado, encontró como maestro a un barquero: no a un iluminado reconocido ni a alguien rodeado de discípulos.

El final con Govinda completa esta posibilidad de lectura. Govinda había elegido a Gautama cuando los dos caminos se separaron. Muchos años después vuelve a encontrarse con Siddhartha y reconoce en él algo semejante a aquello que había visto en Gautama. Así, el hombre que había elegido seguir al Buda termina encontrando algo del Buda en el hombre que decidió no seguirlo.

La novela puede leerse entonces como una historia sobre dos posibilidades de una misma figura y no necesariamente como la historia de dos personas distintas.

Y la diferencia está en las decisiones de vida. Vivir el amor, el deseo, el trabajo, la riqueza, el error, la pérdida, el fracaso y finalmente la sencillez... O no.

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