Ensayo sobre Cantares M. Machado

 



Machado escribe:

Caminante, son tus huellas

el camino y nada más;

caminante, no hay camino,

se hace camino al andar.

Al andar se hace camino,

y al volver la vista atrás

se ve la senda que nunca

se ha de volver a pisar.

Caminante, no hay camino,

sino estelas en la mar.

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MI RESPUESTA A MACHADO

El caminante camina el camino ya caminado. Camino hubo, hay y habrá. Un camino es solo un camino. Es uno quien lo usa de ida, de vuelta o se sienta o se acuesta y espera.

El camino no lleva ni trae, es el caminante que viene y que va, que disfruta, que aprende, que sufre, que vive o que muere mientras en el camino está.

Hay camino sin caminante, pero no caminante sin camino, porque el camino estuvo, está y estará. Lo único que hay que hacer es caminar y el camino aparecerá.

Para el caminante nuevo, lo nuevo es el camino que camina, pero para el caminante viejo el camino es infinito.

Mientras camines el camino existirá.

¿Qué camino seguir? ¿Caminarlo o no caminarlo? ¿De qué modo caminarlo? ¿Caminarlo solo o acompañado? ¿Hasta cuándo caminarlo?

Esas y otras interrogantes son decisiones tuyas. Cada uno elige.

El camino está. ¿Vos... estás?.

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Antonio Machado escribió en “Proverbios y cantares” XXIX unos versos que se transformaron casi en una certeza popular: “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar”. La frase tiene una fuerza poética extraordinaria porque parece otorgarle al individuo una libertad absoluta: nadie nos espera, nadie nos precede, no hay una ruta trazada y cada paso crea aquello que llamamos camino. Sin embargo, justamente por su belleza y por la influencia que ha tenido, vale la pena detenerse en aquello que la frase afirma y preguntarse si no hay en ella una confusión fundamental.

El hecho mismo de que hoy pueda detenerme a responderle a Machado es la prueba más directa de que el camino ya existía. Mi propia respuesta no surge en el vacío: ocurre porque recorro un tramo que él trazó hace casi un siglo. Si su huella se hubiera borrado en el mar, estas palabras no habrían llegado hasta mí ni existiría este diálogo. El acto de cuestionarlo demuestra que la experiencia acumulada permanece como punto de partida.

La frase «no hay camino, se hace camino al andar» suele entenderse como una afirmación de que cada persona construye su propio camino. Mi lectura parte de una diferencia: que no exista un camino individual predeterminado no significa que no exista camino antes del caminante.

El caminante nace en un mundo que ya existe. Antes de él hubo otros caminantes, otros caminos y una experiencia acumulada. La inteligencia artificial, los viajes espaciales o la pintura no surgieron de la nada: detrás de cada uno hay conocimientos, descubrimientos y trabajos anteriores.

Lo nuevo no necesita surgir de la nada. Puedo ser original sin negar a quienes estuvieron antes que yo.

Reconocer un camino anterior no significa seguirlo. No todos los caminos son buenos: existieron seres nefastos y santos, creativos, aventureros, cobardes y líderes. Algunos pueden continuarse, otros modificarse y otros rechazarse. La memoria no elimina la libertad; permite ejercerla con conocimiento.

Por eso distingo entre el camino y la experiencia del camino. Un camino puede estar oculto, cubierto o abandonado y seguir existiendo. Cuando alguien comienza a recorrerlo, lo descubre y lo convierte en experiencia propia; no necesariamente comienza a existir en ese momento. Podemos avanzar, detenernos, regresar, desviarnos, pero el camino estuvo, está y estará.

Cuando Machado dice que al volver la vista atrás se ve «la senda que nunca se ha de volver a pisar», según el poeta desaparece la huella de una experiencia pasada. Y en realidad el que desaparece es el caminante, no el camino.

Por eso mi respuesta a Machado es distinta:

Lo que falta no es el camino. Lo que falta es el caminante.

El camino está.  ¿Vos... estás?

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