Resumir lo complejo
Al intentar resumir un tema complejo, en realidad lo que hacemos es referirnos o mostrar una mínima parte de dicho tema. En realidad, no resumimos nada: simplemente dejamos fuera de la explicación las partes difíciles de entender.
No todo se puede resumir, sintetizar, reducir o simplificar.
Saber de astronomía no es saber solo el nombre de algunos planetas. El Quijote no es solo la historia de un flaco loco y un gordo que lo acompaña.
Estoy aburrido de los reduccionistas que, ya de entrada, no aprendieron algo en profundidad, pero lo quieren resumir porque decidieron que hay cosas que sobran.
Repiten: «Hay que usar lo útil y desechar lo inútil». ¿En serio esto es una máxima? ¿Acaso no es lo que hace el cuerpo con lo que ingerimos?
¿No es un concepto común, natural y lógico que toda forma de vida utiliza? ¿De verdad alguien piensa que es una idea brillante?
Pero además, ¿cómo se evalúa lo útil o inútil? Y lo que no me «sirve» hoy, ¿no me servirá mañana?
Con esa idea facilista, también podríamos aprender solo los números pares o las palabras sin tilde.
Una vez que comienzo a reducir, ¿cómo me detengo? ¿Cómo sé cuándo reduje lo suficiente? Suficiente, ¿para qué o para quién?
Se puede aprender:
Mucho y mal.
Poco y bien.
Poco y mal.
Mucho y bien.
Cada uno elige.

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