Nómadas: del neolítico a hoy
Hace 10.000 años hubo hombres que se quedaron cerca del fuego, construyeron varias tiendas juntas, aprendieron a trabajar la tierra y permanecieron allí.
Los nómadas, en cambio, tuvieron que aprender a hacer fuego donde fuera y como sea, en lugar de mantener viva una fogata. Aprendieron sobre climas, terrenos y peligros, y también sobre aliados y enemigos. Eran los cazadores y los guerreros, los constructores y los guías.
Cada nómada valía por diez sedentarios.
Hoy queda poco o nada de aquellos nómadas. Sí hay pueblos que mantienen ese modo de vida, pero son pocos los reales, y luego están los que se llaman “nómadas” con Instagram y canales de YouTube. Mejor ni hablar.
También hay nómadas que convirtieron su viaje en una búsqueda espiritual y lo llamaron peregrinación.
El peregrino es un nómada filosófico o religioso que usa su andar como método de búsqueda interior: silencio, soledad, cansancio e incluso sufrimiento.
Tanto nómadas como peregrinos comparten la idea de que su hogar lo llevan encima; la incomodidad es su comodidad, lo inesperado es su amigo y el peligro es su cotidiano.
Admiro a esa gente. Y creo que, de alguna manera, tengo en mis genes la impronta de esos hombres.
Ese es mi llamado. Cuando llama tan fuerte, uno puede hacerse el distraído, pero llega un momento en que el destino no se puede evitar.
Más tarde o temprano, y de alguna manera, seguiré ese camino. Y mientras tanto, hago de lo inesperado mi amigo.
César G. Monteghirfo

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