Mi mente, mi mundo

Cada uno ve, piensa, siente, se enamora o juega al ajedrez según su propia mente.

Esa mente ya trae una genética heredada y, además, después, queriendo o sin querer, la vamos llenando con ideas, vivencias, recuerdos, conocimiento, etc.

Una comida puede ser rica o no. Un lugar puede ser lindo o no. Una persona puede ser amable o no. Cada cosa recibe nuestra percepción y valoración, y así con todo lo que vivimos.

Pero lo cierto es que, más allá de lo que nos guste o no un lugar, una comida o una persona, estas cosas existen. Luego, cada uno les agrega su propia visión y experiencia, y las catalogamos según nuestra idea.

Hay un cuento que dice:

Un hombre sabio pasaba por un pueblo en la noche. Como estaban celebrando con música y vino, continuó caminando hasta que encontró un lugar tranquilo, debajo de un árbol, y se dispuso a dormir.

Tres amigos que estaban en la fiesta estaban tan borrachos que no encontraban su casa. Caminando llegaron hasta donde estaba el sabio durmiendo y dijeron:

  • ¡Mirá! Aquí hay otro borracho durmiendo, vamos a quedarnos acá todos juntos y mañana vamos a nuestras casas.

Más tarde llegaron 4 o 5 ladrones que, gracias a la fiesta y la distracción, habían robado bastante de las casas y estaban cansados.
Cuando vieron a este grupo durmiendo debajo del árbol, dijeron:

  • Estos deben ser ladrones como nosotros. Vamos a dormir cerca de ellos y mañana repartimos el dinero.

A la mañana siguiente, el sabio se despertó primero, miró alrededor y vio que había 8 o 9 personas más, y dijo:

  • ¡Cuántos sabios hay en este pueblo! Mejor me voy en silencio, así no los molesto.

Siempre hay que intentar ver más allá. No quedarnos con lo que nos dicen o con lo primero que pensamos.

Gracias por leer.

César G. Monteghirfo

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