Las creencias están en ofertas
En las primeras civilizaciones, como la sumeria, acadia y egipcia, la vida cotidiana estaba totalmente entrelazada con lo divino: cada acto, desde trabajar hasta casarse, tenía un sentido ritual o mágico, y los sacerdotes mediaban continuamente entre los humanos y los dioses.
En Grecia y Roma clásicas, la relación con lo divino se volvió más situacional: templos, oráculos y sacrificios servían en momentos específicos, mientras que la vida diaria podía desarrollarse de manera más secular.
La mitología y los rituales seguían presentes, pero como protocolos o recursos puntuales, no como marco absoluto de existencia.
Con el cristianismo medieval, la experiencia religiosa se institucionalizó: los ritos y sacramentos estaban regulados por la Iglesia, mientras que la vida cotidiana se separaba en gran medida de lo divino, haciendo que la religiosidad fuera formal y mediada.
Hoy esa integración es todavía menor: la vida diaria transcurre mayormente secular, y la práctica religiosa es opcional y episódica, quedando lo místico casi relegado a momentos puntuales.
Donde cada uno cree que puede elegir cómo creer, hasta cuándo creer, en apoyar esta idea pero no aquella otra. A pesar de que haya una cantidad de ideas que ya no acepten.
Hoy, para muchos, la fe y lo místico se parece mucho a ir a un McDonald’s y pedirse la hamburguesa a su gusto: sin pepino, pero con lechuga; poco queso, pero mucho ketchup. Lo mismo hacen con su fe: la organizan según su gusto y conveniencia.
Claro, después vienen los reclamos:
- Van los domingos a misa, pero se quejan de que Dios no los escucha. Entre domingo y domingo, llevan una vida desordenada.
- Van a meditar, cuando en realidad tendrían que ir al psicólogo.
- Estudian la kabbalah en un cursito de fin de semana, como algo curioso.
Es verdad que hoy hay practicantes y religiosos serios, y no hay que olvidarlos.
Pero mucho cuidado con creer que en un libro, video o conferencia van a encontrar justo lo que necesitan para ser mejores personas y lograr que sus vidas estén entrelazadas con lo divino, místico, religioso, sabio o esotérico.
Siempre habrá algo o alguien que te ofrezca, oferte, venda la fórmula mágica, el sonido sanador, el color curativo, etc.
Claro, la vida de hoy no es la de los sumerios, pero tampoco puede ser que todo esté en venta.
Y es lo que sucede: toda idea está a la venta.
Podés comprar los libros que quieras, viajá donde quieras, mirá, andá, escuchá las charlas y conferencias que quieras.
Pero hasta que no mires para adentro, no lo vas a entender.
“Todo eso que adquirís está afuera tuyo. Son cosas.
Observá adentro tuyo. Ahí hay aprendizaje. Hay esencia, presencia, vivencias.”
Gracias por leer.
César G. Monteghirfo.

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