Estrategia felina


 La vida la llevamos como podemos, como nos animamos y con las herramientas y conocimientos que tenemos o conseguimos. Esa situación, la mayoría de las veces, no nos deja ver o pensar en otros modos de vivir. 

Por lo general, más o menos, repetimos el modo en que crecimos. Y para hacer esto reprimimos intereses, gustos, tendencias y las etiquetamos como "ideas locas", porque no cumplen con el requisito de ser prácticas para conseguir trabajo o porque no hay muchos ejemplos de que ser un maestro de ajedrez sea un trabajo rentable. 

Por lo tanto, relego mis preferencias de cantar ópera para estudiar mecánica, porque hay más mecánicos que “viven más o menos bien” que cantantes de ópera.

Es cierto que también depende de qué época hayamos vivido. Cuando yo tenía 8 años, no existía la posibilidad de abrir un Instagram gratis y subir fotos de los superhéroes que pintaba con diferentes técnicas. Y hoy sí existe esa opción, y es real que tampoco es imposible hoy que alguien, en alguna parte del mundo, quiera comprar alguno de mis dibujos. 

Entonces… hacemos lo que podemos en el contexto que nos toca. El contexto no lo podemos elegir, por lo tanto no vale decir “si yo hubiera nacido hoy o en el siglo V a. C.”. Naciste cuando naciste y con esa familia. Lo otro sí es variable. Decidir qué, cómo, cuándo y dónde hacerlo: eso sí depende de mí. Y si lo hago o no, la culpa es solo mía.

¿Qué pongo como prioridad? ¿Qué tan comprometido estoy con lo que me gusta? ¿Es gusto o interés pasajero? Todo esto, mucho más, depende de mí, solo de mí. No hay excusas.

No sé si te pasa, pero a mí me pasa mucho. 

Tengo una idea; si es pasajera, a los dos días la olvidé, ni me quitó el sueño y listo. Pero están esas otras ideas que crecen, dan vueltas en la cabeza, se hacen notar con señales en una película, en una conversación ocasional, en una canción, y van haciéndose un lugar hasta instalarse. Esa idea puede ser cualquiera: desde “este matrimonio ya no funciona” hasta “quiero estudiar veterinaria”.

Cuando aparecen esas ideas, se nos mueve la estructura. Por lo general, al inicio esquivamos la pregunta. Nos inventamos las excusas: “ahora ya es tarde”, “ahora no puedo”, “es una locura”, “¡mirá si yo voy a tirarme en ala delta!”. Y somos muy buenos esquivando cosas. Y las esquivamos creyendo que hacer eso es una locura, pero no es una locura hacer lo que no nos gusta, hacer algo que no nos hace crecer. ¿Eso no es la verdadera locura?

En cierto aspecto tengo una mirada felina de la vida. Como en la foto, tanto el tigre como el gato, ambos están a la expectativa de su presa. No importa lo grande que sean: es la misma actitud. Observan quietos y esperan el momento. Cuando se juntan el instinto, la experiencia y “sienten” el momento, se abalanzan e intentan cazar. Pueden fallar, sí, claro. Si fallan, buscarán otra presa, en otro momento, y si no, comerán algo rico.

Creo que me comporto igual ante algunas ideas:

Me llega la idea, le doy vueltas, investigo, veo, pregunto, leo. Si noto que la idea y las ganas crecen, investigo más: si hay antecedentes, dónde se aprende y mil etcéteras más. Y, llegado el momento, voy y lo intento hacer. Puedo fallar, sí, claro. Pero prefiero la experiencia fallada que la incertidumbre del “¿y cómo habría sido?” o “¿por qué no lo hice?”. 

Porque eso es la vida humana… es vivir humanamente. Y vivir es arriesgar. Si no arriesgo, también es vida, pero la vida de una planta, que nada decide y así pasa de vivir en un bosque a una maceta.

Cada uno elige.

César G. Monteghirfo

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