Límites


 Está es una historia de una época anterior a los dioses. Cuando hombres y animales se comunicaban entre ellos, intercambiaban ideas y filosofías.

Había un pueblo que vivía con miedo, porque cerca había una serpiente pitón que ya había comido a varios habitantes.

Un día pasó por ahí un gran maestro y algunos del pueblo fueron a visitarlo, para ver si él podía hacer algo con la serpiente.

Le contaron el problema, el miedo que tenían y el maestro les dijo que no se preocuparan que él los iba a ayudar. Y fue al bosque para hablar con la serpiente.

Se sentó, la llamó y esperó. La serpiente aparece y le dice:

¿Te parece bien lo que estás haciendo? ¿No tenes otro lugar donde comer? ¡No podés seguir comiendo personas! Y le soltó todo un discurso sobre la no violencia.

La serpiente lo escuchó atenta y le dió la razón. El maestro se fue al pueblo, les dijo que estaba todo solucionado y que la serpiente no los iba a molestar nunca más y el maestro se fue.

Al año, el maestro estaba cerca de aquel bosque y fue a ver cómo estaba la serpiente. Y se encuentra que la pitón estaba toda lastimada, casi inmovil, con cara de angustia y le preguntó que le pasaba:

¿Qué me pasa? Dijo la pitón. Seguí tu consejo de la no violencia y la gente me vino a golpear y pisotear y todo me pasó por seguir tu enseñanza.

Y el maestro le dijo:

Yo te hablé de la no violencia, pero nunca dije que no te enojaras.

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Hay que aprender a poner límites a los abusadores. No siempre es necesario usar la violencia, pero eso no significa no tener una actitud firme, segura, sería ante el abusador.

César G. Monteghirfo

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