Aprender a no ganar
Estamos inmersos en un permanente discurso que dice que debemos ser ganadores, exitosos, mejores que el otro, que yo mismo, que todos.
Y eso no es sano, ni normal.
Ni el león caza a todos los ciervos, a pesar de tener mil ventajas en comparación con ese animal. Es decir, que hasta en la naturaleza —y con todo a favor— incluso el león debe aprender a perder.
Ni el campeón de ajedrez gana todas las partidas, ni el cirujano tiene todas sus operaciones exitosas, y mil ejemplos más.
Más allá de que podríamos definir qué es y qué no es éxito, más allá de eso, creo que es muy sano aprender a perder.
Y sí, no siempre podremos, ni tendremos las ganas, entusiasmo, fortaleza, ni la constancia. Sí, a veces la vida nos gana. Puede más que nosotros y nuestra voluntad.
Por la razón que sea, pero nos gana o nos ganan. Y cuanto antes nos demos cuenta, antes nos pondremos a descansar y pensar: ¿Qué pasó? ¿Cómo fue? ¿Qué hice? ¿Qué no hice?
Es sano reconocer la derrota. Nos ubica como humanos, limitados y débiles.
Pero, como al león cuando se le escapa su presa, ya estaremos listos para el nuevo desafío.
César G. Monteghirfo

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