Construyamos

 

Ya hace muchos siglos que nos matamos entre nosotros, entre vecinos, conocidos y también algún pariente. Y no paramos de hacerlo, en eso somos muy constantes. Para lo bueno no tanto, pero para todo lo que nos haga daño, nos esmeramos mucho.
Nos esclavizamos, abusamos del otro, nos perseguimos, humillamos, denigramos, violentamos y todo entre nosotros. O sea, no es que vinieron los marcianos y nos conquistaron; nos hacemos daño entre iguales. Somos medio estúpidos.

En un mundo donde se produce más comida de la que se consume, igual muere gente de hambre.

En un mundo donde la compañía que contamina prefiere pagar la multa por contaminar, en lugar de dejar de hacerlo. Porque, aún pagando la multa millonaria, sus ganancias son billonarias.

En un mundo donde la diferente cantidad de pigmentación de la piel crea divisiones irreconciliables.

En un mundo donde tres religiones le hablan al mismo Dios, pero les cuesta comunicarse entre ellas.

En un mundo cuyas guerras son incontables, y eso sólo considerando los últimos 200 años. Ni hablemos de 2000 o más años de historia.

En este mundo fuerte y frágil a la vez.

Creo que es totalmente necesario que todo lo que hagamos sea para el bien, para construir, para la belleza, la dignidad, el afecto y la comunicación.

No importa cuánto podamos hacer. Desde saludar a un vecino en el ascensor hasta producir música. Lo que sea, pero que construya, mejore y ayude a vivir mejor.

Es cierto: si saludo al vecino no cambia nada comparado con el barco que arroja residuos radiactivos al mar. Pero si no lo hago, tampoco cambia nada. Por lo tanto, si es lo único que puedo hacer, lo hago.

No puedo evitar que los poderosos dejen de hacer cosas de poderosos, pero sí puedo mejorar mi actitud con el entorno... con MI entorno. ¿Es suficiente? Tal vez no, pero ¿qué pierdo con probar?

Cada uno elige.

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César G. Monteghirfo

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