Hablando de Dios con una joven prostituta
Comentario: Este fue un diálogo real, intenté ser lo más fiel posible en las palabras y sobre lo que hablamos.
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Ella llega siempre a la misma hora; debe tener unos 20 años y me enteré hace poco que es madre de un hijo de 11 meses.
Cada día que llega, me saluda y me exige que le diga lo que le digo siempre, y yo accedo a su pedido y le digo lo que quiere escuchar: “Que tengas el mejor día posible”. Luego, ella sonríe, entra a su trabajo y no la vuelvo a ver hasta el otro día.
Hoy llegó un poco más temprano. Hablamos del clima y me dice:
—Ojalá que llueva, que llueva mucho, que caiga la peor tormenta y viento.
—¿Por qué tanto? —le pregunto.
—Sí, quiero que se le inunde todo —me responde ya con tono enojado.
—Ah, es personal —le digo—. Sería como una tormenta dirigida, entonces. ¿Y por qué zona querés que se inunde?
—Por la ruta que va para allá —y señala el oeste—. Ya se le inundó todo y Dios lo tiene que volver a castigar a él.
Sin tener idea de quién hablaba, le pregunto:
—¿Te lastimó mucho?
Me mira, se emociona y me dice:
—Sí, pero no solo a mí. —Y repite—: Dios lo tiene que castigar.
Yo le digo:
—A veces Dios perdona también.
Me pregunta:
—¿Vos sos creyente?
—Sí —le respondo.
—Yo también —se apura en responder.
—Bueno, entonces sabés que Dios es vengativo —me dice ella.
—Mmmm, vengativo... No creo que lo sea. Tal vez a veces nos puede parecer muy duro, por lo que nos hace pasar, pero no lo considero vengativo.
—Eso fue lo que aprendí en la iglesia —me comenta ella—. Que había que portarse bien, porque si no, Dios te castigaba.
—No sé a qué iglesia fuiste ni quién te enseñó, pero yo diría que hay que portarse bien por portarse bien. Si no, es que te portás bien por miedo, porque te conviene.
Ella sonríe, me mira, guarda silencio... Y me dice:
—Sí, puede ser, pero yo prefiero un Dios vengativo.
Se dio media vuelta, y al momento de entrar llegó su primer cliente. Me saluda con la mano y me dice:
—Hasta mañana.
Eran las ocho y media de la mañana y le quedaba hasta las seis o siete de la tarde para volver a su casa y encontrarse con su hijo.

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