Cuando te llega el momento.
Tal vez, de niño/a, tuviste una idea en particular que repetías una y otra vez. Puede ser que hayas visto algo en la calle, en el cine o en tu casa. Y no, no era casual que tus juegos y juguetes tuvieran que ver, directa o indirectamente, con esa idea en particular.
O tal vez no lo viste, pero lo escuchaste de tus padres, tu hermano o la tía Clara, que hizo un comentario fugaz. Pero a vos, por alguna extraña y mágica razón, ese comentario quedó prendido en tu mente. Luego, con los años, esa idea empezó a desarrollarse, hasta que se convirtió primero en un gusto, después en una preferencia, y al final en tu camino de vida.
La cuestión es cuando ese camino que elegiste (o te eligió) no te da las recompensas que esperabas, y no sos todo lo exitoso que pensabas ser, ni te acercaste a la cuarta parte del sueño que durante tantos años fabricaste en tu imaginación.
Ahí es cuando empiezan los lamentos, las excusas, los argumentos para no sentirte tan mal: Fulano tuvo suerte, Mengano es hijo de Sultano, No tengo la genética de Bruce Lee, No bailo como Michael Jackson, No canto como Liza Minelli.
Pero lo cierto es que Jackie Chan decidió ser JACKIE CHAN. No nació dando saltos y tirándose de edificios. Él decidió, luchó, se equivocó y se quebró (varias veces) para ser quien es.
Y lo mismo pasa con cualquiera que busques de ejemplo.
Muchas veces nos llega ese momento del solo en el coro, del monólogo del actor, del protagonismo supremo en la obra de nuestra vida y no nos atrevemos. Tenemos todo para hacerlo. Durante años nos imaginamos ese momento, pero lo negamos, lo dejamos pasar, nos hacemos los distraídos y a cambio de nada... bueno, en realidad, lo negamos para evitar el esfuerzo y tal vez igualmente fracasar.
Lo que olvidamos es lo lindo del fracaso. No, no estoy diciendo tonterías. El fracaso es jodido, duro, crudo, angustiante, pero si hiciste mínimamente bien las cosas en tu vida...
Ahí estarán ellos apoyándote, los que te conocen desde que tuviste tus primeros sueños, los que te acompañaban a tus clases, los que delante tuyo no te tomaban en serio, pero por detrás te defendían y para ellos eras el mejor del mundo haciendo lo que haces.
Eso... eso también es éxito y no es un éxito menor. Es un gran éxito en la vida tener a tu lado gente que te quiera y vos quererla.
Porque todo se reduce a eso, a estar rodeados de gente que te quiere y rodear a otros que querés. Todo lo demás es bijouterie, maquillaje y decorado.
César G. Monteghirfo

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