La unidad dual
Cuando hablamos de la dualidad en la existencia, el modo más simple de identificarla es con representaciones que muestren explícitamente esa dualidad.
De ahí parten hermosos dibujos que muestran los aspectos, no opuestos pero sí complementarios: Blanco, negro. Fuego, agua. Noche, día.
Y luego viene la enseñanza de que uno no es más importante que el otro, sino que ambos se necesitan para su existencia.
Viejo, joven. Lindo, feo. Alto, bajo.
Si solo existiera uno solo, ¿cómo reconoceríamos al otro? Si todos fuéramos inmortales, no podríamos reconocer a la muerte, por dar un ejemplo.
Hasta aquí todo queda claro. Y esto viene muy bien para los amantes de ver el mundo en sus extremos. Para esa gente que cree que puede vivir con un sí o un no, y con eso le alcanza.
Pero la vida es bastante más sofisticada y, si bien sabemos que existen los sí y los no, también sabemos que existen los quizá, tal vez, depende. Sin caer en el relativismo barato.
Veamos ejemplos: Una mano.
La misma mano que acaricia es la que puede golpear. Misma mano, misma persona, misma posición de la mano acaricia y golpea. Lo único que cambia es el momento. En cierto momento puede acariciar y, en otro, golpear.
Y ya aquí pensamos que acariciar es bueno y golpear es malo. Pero si alguien acaricia a otro que no desea ser acariciado o el golpe sirve para defender tu vida o la de alguien más, ¿sigue siendo buena la caricia y malo el golpe?
Hay una dualidad en el universo, es fácilmente demostrable. Lo que no es tan fácil de ver es cuando una misma unidad puede pasar de ser buena a mala o de mala a buena.
El sol nos da la vida... porque está a cierta distancia y porque nos protege la atmósfera. Ese mismo sol, más cerca, nos quema en segundos. También es muy lindo escuchar cuando llueve... si no inunda un río y yo vivo cerca del río.
La vejez me enseñó a usar más veces el puede ser, quizás, tal vez, etc.
No es relativismo, es ver más opciones en la vida.
Cada uno elige.
César G. Monteghirfo

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