Cuestión de pensar un poco


Hace unos días estaba en una de mis caminatas casi diarias y pasé por una plaza, donde había niños jugando en el tobogán que se ve en la foto.

Y lo primero que pensé, como adulto, racional, más o menos inteligente, fue: ¿cómo un niño se divierte con tan poco? Es subir la escalera y tirarse por el tobogán, y listo, no hay más. El niño se tiene que subir por la escalera para tirarse de vuelta, por un tobogán pequeño donde la experiencia no dura más de seis segundos.

Sin embargo, había unos niños de siete años, más o menos, que subían con una gran sonrisa una y otra vez.

Y por esas cosas que a veces pasan, pensé: yo me pregunto esto desde mi edad, altura, fuerza, experiencia... pero un niño de siete años no tiene nada de esto. Para él, ese tobogán es toda una experiencia: el tobogán es más grande que él, tiene otro color, textura y hasta otro olor. El tobogán no se parece a nada ni nadie que ese niño conozca. Por lo tanto, esa experiencia de menos de seis segundos es tan divertida.

Y me quedé pensando... ¿cuántas veces, ante un problema, somos como ese niño? Vemos algo como gigante, insuperable, desafiante, y otros, con otras experiencias, ideas, perspectivas, nos dicen: "no te preocupes, no es para tanto", pero para nosotros sigue siendo como el tobogán para el niño.

A veces, hay que intentar tomar distancia de los problemas y verlos en su justa medida. Y digo “a veces” e “intentar”.

Si logramos hacerlo, aprenderemos para una próxima vez.

Si no logramos hacerlo, aprenderemos para una próxima vez.

César G. Monteghirfo

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Aprender a volar

Estar en equilibrio

¿Vejez digna?