Ayudar y soltar

 

 Tanzan y Ekido recorrían un camino embarrado con una fuerte lluvia. Y se encontraron con una hermosa muchacha incapaz de cruzar el camino.

–Vamos –le dijo Tanzan en seguida y, tomándola en brazos, la llevó por encima del fango.

Ekido no volvió a hablar hasta la noche. Pero cuando llegaron al templo entonces ya no pudo contenerse.

–Nosotros, los monjes, no nos acercamos a las mujeres –le dijo a Tanzan–, sobre todo a las que son jóvenes. Es peligroso.

¿Por qué hiciste eso?

–Dejé a la chica allí –replicó Tanzan–. ¿Tú todavía la llevas encima?

Anónimo.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Aprender a volar

Estar en equilibrio

¿Vejez digna?