Antigua plegaria

 

Que tus despertares te despierten.

Y que al despertarte, el Día que comienza te entusiasme.

Y que jamás se transformen en rutinarios los rayos del Sol que se filtran por tu ventana en cada Nuevo Amanecer.

Y que tengas la lucidez de concentrarte y de rescatar lo más positivo de cada persona que se cruce en tu camino.

Y que no te olvides de saborear la comida, detenidamente, aunque "sólo" se trate de pan y agua.

Y que encuentres algún momento durante el Día, aunque sea corto y breve, para elevar tu mirada hacia lo Alto y Agradecer, por él Milagro de la Salud, ese misterio y fantástico equilibrio interno.

Y que logres expresar el Amor que sientes por Tús Seres queridos.

Y que tus brazos, Abracen.

Y que tus besos, besen.

Y que los atardeceres te sorprendan, y que nunca dejen de maravillarte.

Y que llegues cansado y satisfecho al anochecer por la tarea satisfactoria realizada durante el Día. 

Y que tu sueño sea calmo, reparador y sin sobresaltos.

Y que no confundas Tú trabajo con Tú Vida, ni tampoco el valor de las cosas con su precio. 

Y que no te olvides, ni por un instante, que cada segundo de Vida es un regalo, un obsequio. 

Y que, si fuésemos realmente valientes, bailaríamos y cantaríamos de Alegría al tomar consciencia de ello. 

Cómo un pequeñísimo homenaje al misterio de la Vida que nos Acoge, nos Abraza y nos Bendice.

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César G. Monteghirfo

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