A mis hermanos de la vida


 Soy de los que piensan que es mejor acariciar a los vivos, besar a los vivos, hablar con los vivos.

Soy de los que piensan que es mejor decir gracias a los vivos, abrazar a los vivos, compartir tiempo con los vivos.

Soy de los que piensan que estamos vivos una sola vez, y luego muertos para siempre.

Soy de los que piensan que nos conocemos hace mucho tiempo, aunque, tal vez, hace 2 días que comenzamos a comunicarnos.

Pasó el tiempo, crecimos. No fue fácil, no es fácil. Pero lo hicimos, pero lo hacemos.

Hemos envejecido juntos, pero envejecer no tiene ningún mérito; si me quedo acostado un año también envejezco. Nosotros, además de estar más viejos, crecimos, y eso sí tiene mérito. Marcar esa diferencia no es un simple detalle.

En cercanía o lejanía. En palabras, regalos, emoticones, cafés, caminatas, comentarios, abrazos, como sea, pero estuvimos y estamos (el futuro es casi caprichoso). Estar no es algo menor, para estar es necesario ESTAR. No se puede estar a medias.

Es un honor tener tanto de vos en mi memoria y en mi presente. Es un lujo llamarte amigo y conocernos como nos conocemos.

Soy de los que piensan que todo tiene segundas y terceras oportunidades, menos la vida. Y teniendo esta única posibilidad, justo coincidir contigo en esta vida es algo casi milagroso.

Te llevo en mis pensamientos, por todo lo que aprendí contigo.

Te llevo en mi palabra, por todo lo que hemos hablado.

Te llevo en mi corazón, por todo lo que te quiero.

Gracias. 🙏🏻
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César G. Monteghirfo

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