Un mundo de 70 metros
No sé nada de su vida. Ni siquiera esos datos tontos, que para algunos nos identifican: edad, fecha de nacimiento, nombres, signo zodiacal. Nada, no sé nada.
No sé si toma agua, come o cuanto hace que no se baña.
Solo sé que vive en un mundo de 70 metros, que casi las 24 hs los deambula, de un lado a otro una y mil veces, de acá para allá y de vuelta, con frío, lluvia o calores extremos. Cada tanto se detiene, se sienta un ratito y vuelve a caminar los mismos 70 metro de la calle.
Son sus 70 metros, ahí tiene a sus amigos (o enemigos), todos imaginarios claro, pero al menos la acompañan. Cada tanto se enoja con alguno de ellos, detiene su andar perpetuo, insulta en voz alta a algún imaginario que la acompaña en ese momento y continúa su marcha incansable, como si no hubiera pasado nada.
Es fácil concluir que su vida fue y es un drama, la cuestión es que no conocemos el contexto de como llegó ahí. Capáz...capáz que hoy ella es más libre de lo que fue antes.
No sé nada de ella y, ahora que lo pienso, tal vez lo importante no sea saber 3 o 4 datos de su persona. Sino saber que existe, tal vez eso sea más que suficiente.
Recordarla y buscarla con la mirada cuando no la encuentro alguna madrugada y comprobar que sigue ahí, en sus 70 metros, con su andar lento pero contínuo, en sus charlas consigo mismo o con un nuevo amigo imaginario.
No sé si ella está más o menos sola, que miles de personas que la rodean a diario en la calle, que no la ven o se apartan, a veces la esquivan y que corren sin saber bien a donde ni para que pero corren.
Ella no tiene que correr. Ella es libre y reina en sus 70 metros.

Comentarios
Publicar un comentario