Un día en la vida.

 


Conocí a dos personas, que no estuvieron ni cerca de conocerse, pero tenían una misma idea.

Una decía que sería muy educativo, siendo adulto, animarse a pasar 24 hs dentro de un ataud. Abierto, que esté en un sala, que nadie te moleste. Para ver y pensar sobre la vida, pero desde tu último "hogar".

A ver si desde ahí, todos los problemas y angustias que tenés, se ven y sienten igual. O le damos otra dimensión a eso que tanto nos angustia.

La otra persona decía que, una vez en la vida habría que hacer un simulacro de velatorio, con uno dentro del cajón y así ser testigo de quienes van al velatorio, de que hablan, cómo hablan. 

Y así darnos cuenta que no somos tan importantes, como nos creemos, que no se lamentan tanto unos y si otros que nunca se nos ocurrió que les iba afectar. Y ver como todo se soluciona, aunque no estemos.

Sin duda, son métodos extremos. Pero sin duda, también, que obtendríamos grandes aprendizajes que afectarían para bien, la percepción de nuestra vida.

Una de las personas que pensaba así, era mi abuela. Y la otra persona un monje budista japonés. 

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