Sin final
Nacemos sin preguntas ni respuestas. Solo con una genética heredada y poco más.
Pasan unos años y comenzamos a preguntar. Nos dan respuestas variadas, algunas correctas y otras no, algunas completas y otras no. Así vamos creciendo.
Con encuentros y desencuentros, con excepciones y decepciones, con momentos eternos y otros pasajeros, con amores y desamores.
Hasta que llegamos a una edad, que en apariencia logramos cierta estabilidad (en varios sentidos). Con alguna trayectoria, un poco de historial y con un montón de vivencias aprendidas. Para llegar hasta aquí tuvimos que vivir unos 40 años.
40 años, son 14.600 días, son 350.400 horas.
Se puede pensar que en todo este tiempo, tenemos todo claro y todas las respuestas.
Pero...
Cuando creí saber todas las respuestas, me cambiaron las preguntas.
Y hay que volver a empezar. Y así el ciclo nunca termina.

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