Sin esperanza
De ese mito nace la frase: la esperanza es lo último que se pierde.
La frase es muy bonita, pero también nos introduce en un camino eterno de querer continuar algo que ya no tiene sentido o de intentar hacer algo, que ya probamos 17 veces y no funciona, etc.
La esperanza funciona como la zanahoria delante del burro, que como la tiene a pocos cm de su boca sigue caminando para alcanzarla. La cuestión es que no la alcanza nunca y fue víctima de una manipulación (si no conocen el cuento del burro y la zanahoria busquen, lean, piensen y luego continúan leyendo)
No es que la esperanza sea mala, pero muchas veces no nos permite ver la realidad y gastamos mucho tiempo y esfuerzo, solo por la esperanza. Casi como un acto de fe.
A veces reconocer que no tengo más ideas, que ya no sé que hacer, que estoy realmente sin fuerzas de seguir...a veces... Ese crudo momento es mucho más útil que 20 años de esperanza hueca.
Un hombre sin esperanzas es un hombre fuerte, es un hombre al que no se le puede herir u ofender. Es un hombre que ya no tiene miedos, dudas, ni nada.
El hombre caído, el hombre en el suelo es el más fuerte.
Ya perdió todo, no tiene nada más que perder ¿Qué le van a quitar? ¿Qué le va a afectar?
Si mañana le dicen a alguien, que tiene una enfermedad letal y le quedan 20 días de vida sana con total seguridad ¿Qué no se va a atrever hacer? ¿Quién o qué lo va a detener?
Porque un hombre caído, sin esperanza, se puede levantar y puede volver a tener fe, fuerza y esperanza.

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