Pasar la puerta.

 


En la vida de una persona, a veces se produce un llamado. Ese momento es el instante central de la persona.

Puede dejarlo pasar, puede no hacer caso del llamado, también puede decidir no pasar por esa puerta. Sin lugar a dudas, si decide aceptar el llamado y traspasa la puerta, lo que decidió se convierte en su destino.

Hasta ese momento, esa persona era libre, podía decidir ir o no ir, pero cuando decide y asume ese destino, le espera otra cosa, le espera una categoría mayor, y a los que llegan a esa categoría, en la mitología griega los llaman héroes.

El héroe es aquella persona que, seguramente llevando a otros, podrá salvar o condenar a su comunidad, porque aunque sea el héroe, no tiene nada garantizado. No siempre ganará y hasta podrá morir por su llamado.

Sin embargo, hay un aspecto en todo esto, que es la soledad. Sentirá, en muchos momentos, estar absolutamente solo, sabe que tiene que mirarse a sí mismo y comprenderse, y que ese es el momento más fuerte de una persona: reconocerse a sí mismo.

Dice el poeta:
No se queda solo el que se queda,
sino el que se va.

Luego de muchos años de pensar en esta frase, pienso que: la soledad se va con el que se va. Porque ahora empieza su destino.

Por supuesto que habrá aliados, y otros que decidirán no sumarse a la batalla ni subirse al barco. Quiero pensar que los aliados son aquellos que eligieron más allá de todas las dificultades, y deciden seguir el camino.

Hablamos de llamado, héroe, destino, soledad, aliados y camino.

Hablamos de decisiones, aceptación y reconocerse.

Hablamos de vivir la vida con valentía o vivir como una sombra, que no deja ni huella.

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