La liebre en la luna
Cuenta la historia que un hombre de hoy, muy sumergido en este siglo XXI y seguidor de cuanta modernidad pudiese seguir, un día se quebró, se cansó. Dejó todo y se fue, sin medir consecuencias, sin pensar en el que dirán, sin ni siquiera un mínimo plan.
Se fue.
Se perdió caminando, pasó la ciudad, pasó varios pueblos, pasó por campos y ríos y siguió hasta que se detuvo en un bosque.
En este andar tuvo que aprender a sobrevivir y dormir con el cielo como techo y la tierra como cama.
Al tiempo, se cuenta, que se llevaba muy bien con su entorno, aprendió a adaptarse a las circunstancias de la naturaleza, y por supuesto que no hablaba con los animales, pero de alguna manera se entendía con ellos.
Un invierno muy crudo él se enfermó, tenía fiebre, se sentía muy mal. Los animales del bosque al verlo tan enfermo, se reunieron y entre todos le llevaron algo de comida y abrigo.
Las ardillas les llevaron nueces y frutos, las abejas miel y un oso lo abrazó para darle calor. Los zorros trajeron ramas, en sus bocas y entre todos prendieron un gran fuego y se sentaron a esperar junto al hombre.
La liebre, al ver que no había podido ayudar y que el hombre necesitaba más alimento que nueces ella decide saltar al fuego y servirle de un mejor alimento.
Cuenta la leyenda, que cuando los dioses ven la acción total y desinteresada de esta liebre, deciden que unas de las sombras que se ve en la luna, las noches de luna llena, tenga forma de liebre para que recordemos siempre el valor de la entrega desinteresada.
Y, algunos, afirman que si ves con atención podés ver a la liebre saltar.

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